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Facebook: Marina García Gómez
Twitter:@marina2095

7 sept. 2010

cap 1

<<Baby I like it, the way you move on the floor.
Baby I like it, come on and give me some more.
Oh yes I like it>
>
El despertador sonó con la misma energía de siempre. Rodé sobre un costado para apagarlo. Cuando abrí los ojos comprobé que la luz de la mañana entraba por mi cortina blanca. Me levanté de la cama todavía medio dormida y fui a la cocina. Allí estaba Marina con un vestidito azul hasta las rodillas que mamá le había comprado el día anterior.
- buenos días dormilona- dijo con su cariñoso tono de niña de cinco años. Entre sus manos tenía un cuento encuadernado con una portada verde en la que ponía EL DUENDECILLO DEL BOSQUE DE HIERRO, un libro que yo había escrito para ella dos años antes. Ahora que sabía leer lo leía y releía sin parar.

Alboroté el pelo de mi hermana pequeña, algo que ella no soportaba y fui hacia la nevera. En ella encontré todo lo que necesitaba para mi desayuno. Un zumo de naranja y un yogurt desnatado. Me senté en la mesa de la cocina y engullí el desayuno.


El calor bochornoso de un día de Julio me despertó. A base de patadas separe la sabana de mi cuerpo y la tiré al suelo. La noche anterior había estado hasta tarde arreglando el cementerio. Y luego había dado un paseo con Silvia por la ciudad. Como había llegado tarde a casa me quedé dormido enseguida y por ello me había acostado con ropa. Cuando hubo pasado al menos media hora no pude soportar el calor y me levanté. Fui directo al baño y entré en la ducha. El agua muy fría resbalaba por mis músculos y por todo mi cuerpo. Hacía tanto calor. Cuando salí del baño me puse ropa limpia y fui a desayunar. Un bol de cereales con chocolate fue suficiente para que mi estómago se calmase. Como no tenía nada que hacer y mi padre había salido me tumbé en el sofá boca abajo pensando en mi madre. El día anterior hizo dieciséis años de su muerte. Por eso había estado tanto tiempo cuidando el cementerio y arreglándolo. Siempre pensaba que mi madre y el resto de las mujeres allí enterradas se sentirían orgullosas de ver lo bien cuidadas que las tenía. No había conocido a ninguna de las que estaban allí enterradas, solo a mi tía. Las demás murieron cuando yo tenía dos años. Mi padre tenía encima de la televisión una fotografía de mi madre y de otra chica cuando tenían dieciocho años y mi madre estaba embarazada de mí. Sabía bien quién era la otra chica, era la razón por la que mi madre estaba muerta. Aquella chica tan joven y guapa de la foto era la hija mayor de la princesa Claudia. Ella murió al dar a luz a su hija y mi madre huyo con el bebé para salvarla de mi abuelo. Mi abuelo no toleró la traición de su hija mayor y la asesinó. No se como pero el calor y la tristeza que esto me producía hizo que al final me durmiera.
- Marina voy a salir a correr. Papá esta durmiendo en su habitación hazme el favor de no despertarlo
- Vale- fue lo único que mi hermana me contestó.

Hacía mucho calor para ser la diez de la mañana pero si no corría luego estaba demasiado activa. Mi madre decía que era a causa de la medicación, pero a mi realmente me daba lo mismo. Así que salí del portal de mi casa y me puse a correr por la explanada. A esas horas ya había gente que iba a la playa y ancianitas dándole de comer a las palomas. Conseguí coger un buen ritmo y empecé a correr. Como llevaba la música con los auriculares puesto no oí el móvil, pero llegó un momento que la pierna empezó a vibrarme, así que paré y descolgué.
- diga.
- Buenos días, amore. De verdad que no se como a estas horas de la mañana puedes estar ya en la calle corriendo.- Silvia. Quien si no iba a ser. El resto de la gente respetaba mi hora de correr, ya que para mí era sagrada.- bueno, te llamaba para quedar esta tarde. Quiero ir a dar una vuelta.
- Claro. Solo dime cuando quedamos y hora.
- Vale. En la puerta del Vips a las siete.- fui a colgar pero la voz de Silvia me llegó de nuevo desde el móvil.- por cierto ayer llegaron Marcos y Mario del campamento les he dicho que vengan.
- Ok. Allí estaré.- esta vez colgué directamente. Mire el reloj y calculé que me quedaban al menos quince minutos antes de que mamá volviese a casa.

Seguí corriendo hasta que fueron las once y media y volví a casa. Esta vez mamá estaba en el salón y Marina jugaba con ella y con su muñeco. Papá sin embargo estaba en la cocina cantando y preparándose algo para desayunar. Los saludé a todos con la mano y me fui a mi cuarto. Una vez allí me quité en chándal y me metí en la ducha.


Un sonido sordo me despertó. Era como el timbre de un teléfono. Pero lo oía de lejos. El sonido se cortó, pero a los dos segundos volvió a sonar. Levanté un poco la cabeza para ver donde se encontraba el teléfono y lo vi encima de la mesa. No me sentía muy por la labor de levantarme así que me concentré en él y pronto lo tuve en las manos.
- ¿diga?
- Irusail, tío ¿Dónde te metes?
- A Carlos eres tú. Pues estoy en mi casa ¿por?
- Nada por que nos hemos juntado aquí en casa de Pablo unos cuantos por si venías.
- Lo siento tíos pero no me apetece otra vez será.- colgué, para mi suerte Carlos no volvió a llamar.

La verdad es que no tenía muchas ganas de hacer nada. Pero sabía que si quería comer tendría que preparar algo para comer. Saqué carne del frigorífico y algo de lechuga y tomate para hacer una ensalada. Cuando hube terminado me lo comí y
Fregué los platos. Luego me senté en una de las sillas y encendí la tele.


El espejo del baño estaba lleno de vapor, lo limpié un poco con la mano hasta que apareció mi reflejo. El pelo negro se me pegaba al cuerpo en cada centímetro de su longitud. Ya empezaba a ver la raíz dorada y supe que pronto tendría que volver a teñirme. Con una toalla escurrí mi pelo y luego me sequé todo el cuerpo. Fui hacia mi habitación y saqué un vestidito azul muy corto. Me encantaba ese vestido, me lo puse por la cabeza y luego me puse unas sandalias azules. Salí a la cocina y olí la comida. Preparé la mesa y me senté junto a Marina. Comimos charlando sobre cosas graciosas. Miré a todas las personas de mi familia. A mi padre al que no me parecía en nada, a mi hermana tan guapa con su pelo caoba y sus ojitos verdes. Y por último a mi madre, ella era la única a la que yo me parecía, pero ella tenía el pelo negro y liso que le llegaba hasta los hombros. Y era grande y esbelta. Yo sin embargo era pequeña y ancha, con el pelo castaño y ligeras mechas doradas, además era una melena de león rizada y voluminosa. Eso sí todos compartíamos unos enormes ojos verdes.
Después de comer hice varias cosas que tenía pendiente y a las seis y media me fui hacía el Vips. En la puerta estaba Silvia, con su bicicleta y sus largas piernas.
- ¿y Marco y Mario?- pregunté
- Ahora vienen
- Entonces esperemos dentro.
- No yo prefiero esperar aquí- le sonreí, porque sabía que si lo hacía conseguiría que entrara.
- Venga Silvia.
- Vale.- dijo arrastrando mucho la e- pero solo hasta que vengan.

Entramos y pedimos dos granizados de limón. Cuando ya nos lo habíamos terminado fui al baño. Lo último que recuerdo son dos grandes ojos verdes cayendo sobre mí.

1 comentario:

  1. Me encata, esta muy bien, en serio. Mola como te espresas. Gracias por pasar por mi blog :)
    Te sigo. En cuanto tenga un poco de tiempoleo el resto de capitulos, que ahora con tanto examen no tengo nada de tiempo.
    Besos!!

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