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Facebook: Marina García Gómez
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31 ene. 2011

Y finalmente...

Estoy fuera :( Pero no pasa nada porqué hay participantes maravillosas a las que seguiré leyendo y animando. Un fuerte abrazo para todos los que participan en el Gran Hermano Bloggero.

29 ene. 2011

Estoy nominada!

Si. Me lo esperaba sinceramente. Aunque ojalá no fuese así, pero las cosas empiezan a ponerse muy interesantes y yo no me curré mucho la última entrada. Así que si os gusto mi entrada o creeis que vale la pena votad por mi aqui: Casa bloggera Muchas gracias. Un beso
Mariina.

25 ene. 2011

El ángel Eulalia


Esta entrada es para un concurso del instituto. Había que presentar una narración que no ocupase más de cinco páginas con tema libre. Y me he inspirado en esta canción que tanto me gusta para escribirla.

<<Llueve, y las aceras están mojadas. Todas las huellas están borradas. La lluvia guarda nuestro secreto.
Llueve, y en mi ventana te echo de menos…>>

Casi podía escuchar aquella canción en lo oídos a pesar de ser solo un recuerdo en mi mente. Llovía. Las gotas de agua resbalaban por el cristal del coche. Traicionadas por la gravedad, caían a una muerte segura salpicando los cuerpos de las personas que circulaban por la calle en ese momento.
Mi pecho ascendía y descendía conforme tomaba el aire al respirar. No me quedaban lágrimas en los ojos. En el momento que empezó a llover mis ojos se secaron.
El mundo podía caerse a trozos en ese momento y yo no haría nada. Me hundía más y más en mi tristeza.
Era capaz de detener la lluvia, de salvar al chico que andaba dos calles más allá de los atracadores que le esperaban a la vuelta de la esquina. Pero no podía impedir que la persona a la que más quería en este mundo se fuese para siempre.
Sí, mi hermano Víctor había fallecido la noche antes. “Un ángel no llora por la muerte de un humano” diría el maestro. Pero para mí era tan difícil.

Llegué a la tierra una noche oscura. Irónicamente también llovía aquella noche. Era una tormenta como no se había visto en años. Tenía que llegar a tierra lo antes posible, pero un rayo me abatió y destrozó una de mis alas. Caí desde más de cien metros, siendo acunada por los brazos del viento hasta que controlé la otra ala y conseguí esquivar el suelo. No obstante, no pude seguir volando y me estrellé contra la reja de la iglesia. La sangre se agolpó en el pecho, obstruyendo mi respiración. Todo se tornaba negro. Apenas podía mantener los ojos abiertos. Sentía que había fracasado. Mi cuerpo iba a morir durante mi primera noche en la tierra.
Y entonces le vi. Era un hombre menudo, rondaría los treinta y muchos años. Llevaba el cabello negro mal cortado y retirado tras las orejas. Unos profundos ojos me miraban introduciéndome en el negro de sus pupilas, que se confundían con el resto del ojo. Se acercó a mí, me tomó el pulso y al comprobar que estaba viva me echó sobre su hombro.
A pesar de ser un hombre pequeño, era fuerte y me cargó hasta una casucha de madera a las afueras del pueblo.
Llamó a la puerta y una mujer hermosa abrió. Ella era todo lo contrario a él. Rondaría la misma edad, pero era alta y esbelta con los cabellos pelirrojos recogidos en un moño alto y unos ojos color miel delineados con lápiz negro. Los cuales se abrieron como platos al verme sobre el hombre.
-         Alma de dios. ¿Es un ángel lo que ven mis ojos?- tenía un acento de pueblo muy marcado.-jamás pensé siquiera ver uno en sueños.
-         Elisa, prepara la cama- le habló dulcemente- está herida.
-         Ya veo que está herida. Pero ¿qué haremos con ella? ¿y que haremos con Víctor?
-         Tu hijo duerme, prepárala mujer.  Mira es apenas una niña.
Elisa a regañadientes obedeció a su marido y me colocó en una camita con sábanas blancas y cojines con el tacto parecido a los algodones de las nubes. Me cuidaron, curaron y alimentaron hasta que el ala y la herida estuvieron bien curadas. Cuando llevaba en la casa dos semanas dejaron de acudir Elisa y Carlos a darme de comer y en su lugar venia su hijo. Un muchachito de siete años que soñaba con conocer mundo.
Al contrario que su madre no señaló mis alas ni hizo comentario alguno sobre mi presencia divina. Aquel muchacho pronto se convirtió en mi amigo. Todos se convirtieron en mis amigos y más tarde en mi familia.
Pronto empecé a ir a la escuela de pueblo. Mis padres dijeron que me habían encontrado en la puerta de su casa y me habían adoptado. Me subieron de curso; de cinco años a primero de primaria por saber leer y escribir. Yo era una chica muy lista para tener cinco añitos. Pero claro, solo mi familia sabía que yo no era una niña normal.
Crecí en el seno de aquella familia humilde. Sin darme cuenta cumplí diez años y luego doce, más tarde dieciséis y por fin dieciocho. Escogí estudiar filosofía y tenía que irme a la ciudad para poder asistir a la universidad. Mi hermano llevaba viviendo en un piso él solo dos años, así que Carlos y Elisa me enviaron con él.
La facultad invadía la mayor parte de mi tiempo, pero siempre tenía un rato para estar con él. Que me llevase al cine, al teatro, a dar vueltas por el parque e incluso alguna que otra vez fuimos a volar al polígono industrial donde nadie podía vernos.
Los viernes por la tarde, cuando Víctor terminaba las clases de Biología cogíamos el destartalado todoterreno y poníamos rumbo al pueblo donde nuestros padres nos esperaban con un buen plato de cocido caliente.
Podíamos ser nosotros mismos en casa. Ellos nos veían como sus hijos y nos miraban por igual, a pesar de que Víctor era alto y esbelto como Elisa y tenía el cabello pelirrojo y rizado. Pero sus ojos eran los de papá. Negros y tiernos, además de profundos. Y yo… Mi pelo era largo hasta la cintura, de color chocolate oscuro, la piel más blanca que la nieve y era muy pequeñita y flacucha. Mis ojos. ¡Ay mis ojos! Esos eran harina de otro costal. Los bordes eran negros con motas rojas como el fuego, y el centro era azul oscuro y daba la sensación de estar viendo agua muy espesa a través de ellos. Por no hablar de las dos pequeñas alas blancas que nacían en mi espalda y podía mostrar a mi antojo. Y a pesar de ello nunca fuimos distintos ante su amor.
El domingo por la noche rumbo a la ciudad nos contábamos el uno al otro lo que más íbamos a añorar de casa. Yo me apoyaba en su hombro y él cantaba canciones de la tierra que convocaban a los buenos espíritus. Como ángel, sentía el poder de esas canciones y la necesidad de la gente que antiguamente las había entonado.
Especialmente una canción que le encantaba. Era de una cantante salida de un concurso de televisión.
<< La lluvia cae sobre los tejados…>>
Mi hermano era tan bueno. Empezó a salir con una chica. Una cría de mi edad que estudiaba Literatura. Era muy simpática y agradable, pero al mismo tiempo algo tímida.
Víctor la llevó a conocer a mis padres en verano. A papá le pareció lo mismo que a mí. Una persona maravillosa y agradable, perfecta para estar con Víctor. Pero Elisa siempre había sido una mujer de carácter fuerte y la consideraba un poco pánfila y debilucha.
Tuve que echar mano de uno de mis hechizos y conseguir que mamá fuese más agradable con ella para que Víctor y Lisa fuesen felices.
Se fueron a vivir juntos ese mismo invierno y se casaron en primavera. Seguí viéndolos prácticamente todos los días. A veces iba a comer con ellos a su casa o los invitaba a la mía. Pronto Lisa pasó a ser mi mejor amiga. Iba con ella de compras, compartíamos trucos de belleza, maquillaje… Los quería más que a cualquier cosa en el mundo.
Pasar tiempo con ellos era como volar con una brisa suave en lo más alto del cielo. Le revelé mi secreto a Lisa y ella me dijo que siempre vio mi aura de bondad protegiéndolos.
En una ocasión Víctor me regaló un colgante de oro blanco en forma de ángel con sus nombre grabados en la parte inferior y con la fecha en la que llegué a su hogar tantas y tantas noches atrás.
Algunos años más tarde, cuando ya todos habíamos terminado nuestras carreras y trabajábamos, me hicieron tía.
Una niña preciosa. Y además bendecida por un ángel. Una niña con la cualidad de curar y con la bondad reflejada en el rostro.
A mis padres les hizo una ilusión enorme ser abuelos. Vinieron a la ciudad, le compraron juguetes, ropa, una cuna… Incluso mamá empezó a llevarse mejor con Lisa desde ese momento.
Enfermé. Llevaba mucho tiempo sin las energías que el cielo me proporcionaba y empezaba a convertirme en humo rosa. En oxígeno que daba la vida a los humanos. Víctor se desvivió por mí, buscó durante mucho tiempo la manera de curarme. Descuidó su trabajo por devolverme a la vida. Y viajó a los lugares más recónditos del país en su coche para que su hermana del alma se quedase siempre con él.
Se marchó. Nos dejó a su mujer, a su hija y a mí. No supimos de él durante meses. La única manera de mantenerme con vida ese periodo, era con el poder curativo de mi sobrina que se dejaba las energías en hacerme vivir hasta que su padre volviese.
Volvió el invierno y llovió todas las noches. El mundo dormía pensando que sería un buen año para los ríos, pero en mi casa sabíamos que llovía porqué yo me pasaba las noches llorando.
Su hija dio los primeros pasos mientras él estaba fuera. Aprendió a decir mamá y Tía Eulalia pero no dijo papá, hasta que un día a pesar de mi tristeza no llovió. Volvió a salir el sol. Mi pequeña sobrina correteaba por los pasillos y paró en la puerta principal. Su madre y yo la buscamos y al verla frente a la puerta decidimos investigar.
No estaba preparada para esa imagen. Mi hermano Víctor estaba en la puerta. En las manos sostenía un pequeño frasco con un líquido plateado. Apenas pudo tendérmelo. Le temblaban las manos. Al mirarlo vi que había envejecido, a pesar de tener veintiocho años tenía el pelo canoso, ojeras y muchas arrugas. Jadeaba cuando se agachó para aupar a su hija. La pequeña hada- así era como yo la llamaba por sus poderes- tocó la cara de su padre y pronunció por primera vez:
-         Papá
Pocos recuerdos felices llevo conmigo ya de mi hermano después de aquello. Me había salvado la vida. Sí. Pero resultó tener una enfermedad degenerativa que lo iba consumiendo por dentro. Dejó de caminar, más tarde de moverse y por último de hablar.
Mis padres vinieron a vivir con nosotros. Todos estábamos preocupados por él y por los meses de vida que le quedaban. Un día mi pequeña hada que ya contaba con tres años se despertó la primera y se subió a la cama de su padre. Cuando la busqué para desayunar la encontré abrazada a un cuerpo inmóvil, frío y sin vida.
-         Víctor- susurré
-         Ha dejado de sufrir tía.- me miró con tristeza en los ojos peor sin una sola lágrima- él me lo pidió.
Y entonces lo comprendí. Mi sobrina podía curar y al mismo tiempo conceder el descanso eterno. Había cerrado para siempre los ojos de su padre para evitar su dolor y yo sabía que había hecho lo correcto.

Mi cabeza descansaba contra la ventanilla. Sabía que tenía que salir de allí. Se había terminado mi misión en la tierra. Yo había llegado hasta allí para cuidar de que mi pequeña hada naciera y acompañarla hasta que fuese lo suficientemente fuerte para decidir entre la vida y la muerte.
Salí del coche. Seguía lloviendo. La canción que tanto le gustaba a Víctor seguía sonando en mis oídos. La lluvia mojaba mi vestido negro, mis medias y mis zapatos de tacón. Ir vestida de luto me facilitaba mezclarme en la noche.
Podía sentir como se calaban mis huesos y las alas despertaban y se expandían. Ya no eran las mismas de antes. Eran dos alas plateadas con reflejos negros, mucho más grandes, de ángel adulto. Rumbo al infinito ascendí. Todo el mundo se giró a contemplar el milagro y como el ángel se perdió en el cielo.

No he vuelto a llorar desde aquella vez. Pero cada noche me acuerdo de mi familia humana y de todos aquellos a los que tanto amé.

24 ene. 2011

Las manos


         Las manos

Entrada para el Gran Hermano Bloggero. Esta vez el tema va de “las manos’’  Quiero dar las gracias a todos los que no me nominaron y comentaron y siento ni poder devolver comentarios, pero es que entre el instituto y el equipo (que ya he empezado con los campeonatos) no tengo tiempo casi ni para leer ni para escribir. Sorry L Un beso, aquí os dejo lo mío:
Mis manos. Las miro; pequeñitas, con dedos rechonchos. Son tan blancas como el resto de mi piel pero se sonrosan ligeramente en la zona de los nudillos. Un par de lunares decoran cada una de mis manos. No son lunares grandes y feos, sino que son parecidos a las pecas. Suaves manchitas marrones que le dan un toque de color. A veces, sobretodo en invierno se me marcan un poco las venas, finas líneas azules que contienen el fluido de la vida. Tengo los dedos cortos y de no ser porqué llevo las uñas bien largas y cuidadas parecerían manos de “morcilla”. Las uñas: suelo llevarlas trasparente o azul eléctrico y a veces negras.
Mis manos son las que me mantienen a flote cuando hago una figura en sincronizada, son mi empuje y al mismo tiempo mi base. Ellas me dan el impulso luchando con fuerza contra el agua. Sin ellas no podría nadar a crol* ni a mariposa*. No podría relajarme en braza* ni hacer torpedo*.
Esa parte de mi cuerpo también crea. Son las manos las que me ayudan a plasmar las ideas que tengo en la cabeza. Las que nos permiten crear todas las máquinas que forman nuestro mundo e incluso con las que escribo estas palabras.
Con mis manos puedo saber como es una persona sin verla. Acariciarle el rostro, descubrir cada uno de los surcos en su piel. Sentir si algo es áspero o suave…
Porqué el gesto de cariño más grande que se puede hacer, es coger a alguien de la mano en un momento difícil.
Crol: Estilo de nadar más común.
Mariposa: Es el estilo más complicado y es el que se hace en las competiciones.
Braza: La manera de nadar sacando la cabeza tipo rana.
Torpedo: Remada típica de la natación sincronizada que se hace en plana con los brazos por encima de la cabeza impulsándose hacia los pies.

Ahí va mi entrada. Es más corta que ninguna de las que he hecho, pero esta vez no es una historia así que tampoco tenía mucho más que decir. Un beso.
Mariina.

17 ene. 2011

Semana de los elementos:


Semana de los elementos:
Entrada para el Gran Hermano Bloggero. Esta semana toca el tema de los elementos. Yo he elegido el agua. Y como siempre lo haré en forma de historia para tratar ese tema.

El agua: Imprescindible, hermosa, valiosa, tranquila, curativa, virtuosa… y sobre todo escasa.

Eso ponía en mi libro de ambiente. Casi quería dormirme sobre el libro y suspender al día siguiente. ‘’Venga Ayelen un poco más’’ me dije a mi misma. Seguí leyendo lo mismo que llevaba repitiendo dos horas. Mucha historia sobre el agua y toda su evolución, sus características y sus problemas.

Finalmente a las dos de la mañana cerré el libro y me acosté. Esperaba un sueño tranquilo, descansar un rato y levantarme para ir al examen. Pero en lugar de ello tuve un sueño muy vívido con muchas imágenes del agua y de los humanos desperdiciándola.

Sonó el despertador y me levanté sudando. Me sentía agotadísima y tenía el examen más importante del curso en unas horas. Me vestí deprisa y corriendo: un corsé negro con mucho escote y un cinturón plateado para decorar mis escamas. Salí corriendo (bueno más bien nadando) hacia clase. Como siempre llegué tarde. Todos mis compañeros estaban ya colocados en su lugar con el examen en la mano. Con algo de vergüenza me coloqué en mi lugar y la profesora me tendió el alga rosada donde estaba escrito el examen.

Para los que no se hayan percatado. Soy una ninfa, una ninfa del agua. Lo que los humanos conocen vulgarmente como sirena. Por eso todo el royo ese del agua, nadar en vez de correr y un alga para el examen.

Leí el examen y me encontré frente a las temidas preguntas. Fui contestando una a una rellenando páginas y páginas de información sobre el agua. La verdad es que todo lo que venía a mi mente había salido de las imágenes de mi sueño. Terminé el examen la primera y se lo dí a Jusila.

-         Ayelen ¿estas segura que no quieres repasarlo?

-         Ya lo he hecho- le sonreí y me creyó.

Abandoné la escuela. De hecho abandoné el recinto. Salí a mar abierto y deje que las corrientes submarinas me llevasen.

Una cueva oscura. El agua estaba mucho más caliente allí. Apenas podía ver. Pestañeé un par de veces hasta que se aclaró mi visión. La cueva era redonda y daba paso a un oscuro túnel. En el fondo del cual había un muchacho. Su cola era azul en vez de verde las escamas no brillaban sino que eran casi traslucidas dejando que se viese que estaba formado por agua. El pecho desnudo dejando a la vista unos pectorales perfectos y una piel extremadamente blanca. Su pelo rubio platino y unos ojos negros totalmente. Sus labios eran iguales a la cola, traslucidos mostrando el agua en ellos. Era como una estatua labrada pero en vez de mármol, en agua. No se movía, estaba sentado sobre su cola en una roca. Me acerqué a él y lo observé más atentamente. Tenía arrugas en la piel pero no aparentaba más de veinte años. Su expresión era pensativa y sabia. De pronto recordé más imágenes del sueño y su nombre me vino a la mente.

-         Ondine- susurré. Como si se tratase de magia, el chico despertó.

Fue como si hubiese estado durmiendo. Abrió la boca, y en vez de palabras salió agua de su boca. Pero agua que brillaba y era pura. Preciosa. Sentí la necesidad de beberla, de atraparla con mis manos. Pero me resistí. En lugar de ello convoqué al agua y la dispersé por toda la cueva. Todo era tan hermoso. Ondine el hijo del agua se encontraba allí conmigo en nombre de su madre y yo lo sabía. Lo sabía en lo más profundo de mi corazón.

-         Necesito tu ayuda Ayelen- susurró el muchacho. Su voz salía en forma de agua plateada.

Le presté mi ayuda. Fui la encargada en este planeta de salvar la vida de agua. Dediqué toda mi vida de ninfa a cuidar del elemento más puro que existe. De intentar hacer llegar el agua a sitios donde no la tienen. De encargarme del asunto de los humanos y enseñarles que el agua tiene que ser cuidada ya que ella cuida de nosotros. Me convertí en mujer con piernas y conviví entre humanos muchos años para hacerles llegar el mensaje.

Después de muchos años volví a la cueva a morir allí. No hizo falta avisar Ondine me esperaba allí. Me abrazó con sus suaves brazos y me tendió sobre él en el suelo de la cueva. Yo era muy anciana ya y él me besó deshaciéndonos en agua para siempre.

 Imprescindible, hermosa, valiosa, tranquila, curativa, virtuosa… y sobre todo escasa.

Esa es el agua. Formada por el corazón de muchos seres como yo que lo dieron todo por ella. Y ella es la que nos mantiene con vida. Su grandeza, sus cualidades, su pureza, fuerza belleza y su… magia. Es por ello y por que es parte de mí que la elijo como elemento en el cual deshacerme para formar parte de ella para siempre.

 

He elegido el agua porqué es mi favorito junto con la tierra de todos los elementos. Pero con el agua me sentía más identificada. Porqué me llamo Marina (mujer nacida del mar) porqué vivo en un ciudad costera y no sabría vivir sin mar. Hago natación sincronizada- amo ese deporte- hago vela y piragüismo y me encanta la belleza del agua pura.

10 ene. 2011

Mi eterno hombre perfecto

Entrada para el Gran Hermano Bloggero. Había que hacer una entrada basandose en la persona perfecta. Yo lo he hecho en forma de relato. Como si esa persona hubiese existido para mí.
Os contaré una pequeña historia digna de ser oída. Cuando yo apenas contaba con diecisiete años estaba enamorada de un vecino que para mí era un perfecto ejemplo de lo que un hombre debe ser.
Recuerdo que aquel hombre se mudó a nuestro edificio cuando comenzó la universidad. Era hijo de un escritor francés famoso y de una editora española. Estaba estudiando literatura castellana en la universidad de Alicante. Cuando yo lo conocí, tenía quince años. Vivía en mi bloque, dos pisos por debajo de mí. Ni siquiera supe de su llegada. En mi edificio entra y sale mucha gente constantemente. Un día mi madre subió y me dijo que había coincido con él en la puerta del garaje y que habían mantenido una pequeña charla.
-         y ¿sabes? Es muy guapo.
-         Mamá no me importa- dije cortante.
Más tarde me arrepentí de haber contestado así a mi madre, porque era realmente guapo. Era muy alto. Por lo menos metro noventa. Piel blanca pero bronceada. Tenía el cabello rubio oscuro. Rebelde, lleno de remolinos que levantaban los mechones e impedían peinárselo. Ojos tiernos y dulces. Rasgados en medio de su cara, expresivos y grandes. Formados por dos canicas color chocolate con la pupila grande. Sus ojos hablaban por él, mostraban todas sus expresiones. Una nariz pequeña pero alargada decoraba la parte central de su cara. Al igual que la nariz, la boca también era pequeña. Con los labios un poco carnosos pero sin exceso. La mandíbula esplendida, pero sin encajar correctamente. Dándole un aspecto único. A pesar de ser alto no era flacucho, sino que tenía cuerpo de deportista. La espalda ancha y los brazos fuertes. Y en aquel momento aposté a que el pecho sería también una autentica obra de arte y músculos. Hecho que luego comprobé que era cierto, al verlo en la piscina. Fue muy cortés. La primera vez que me topé con él, íbamos en el ascensor y se ofreció a ayudarme con mi bolsa de deporte.
Rechacé su propuesta alegando que mi padre decía; que los deportistas deben llevar siempre ellos mismo sus bolsas para hacerse más fuertes. A lo que el contestó con una enorme sonrisa y dijo. ‘Si mi padre también dice eso siempre, solo que él, en francés’

Allí apenas pude solo sentirme atraída hacia él. Per dos años más tarde, mi madre tuvo un problema con una camisa, que se le cayó al tender, y puesto que mi hermano no se encontraba en casa tuve que bajar yo a decírselo.
El rellano de su piso, olía a rosas (y nos es broma). Aquel olor salía bajo la puerta de su casa. Aquel muchacho usaba un ambientador maravilloso. No me hizo rogar mucho. En cuanto llamé la primera vez abrió la puerta. Como siempre, con su mejor sonrisa para mí.
-         Marina- dijo sorprendido- ¿en que puedo ayudarte?
-         Hola- saludé- a mi madre se le ha caído una camisa mientras tendía. Y ha caído sobre tu tendedero.
-         Claro.- dijo pensativo- pasa.
Entré llamada por la curiosidad de ver su casa. No era muy distinta de la mía, solo que decorada de manera diferente. Yo pensaba que mi casa era el sitio con más libros, después de las bibliotecas, que había visto. Pero no. Su salón. Estaba formado por dos enormes estanterías repletas de libros de distintos géneros. Y en medio había un enorme sofá, con aspecto caro repleto de cojines.
-         Miguel
-         ¿Sí?
-         Te gusta leer ¿eh?
-         Me encanta, es más lo amo. ¿Te gusta leer a ti?
-         Si, yo también amo leer.
-         Entonces te recomiendo un libro.
Salió de la galería y se pegó a una de las estanterías. Rebuscó en uno de los estantes más altos y al fin sacó un libro.
-         Toma. Te lo regalo.
Mire la portada. Era de cartón, con un dibujo de una mariposa amarilla y el parte inferior ponía: Miguel Dosvidas.
-         espero que te guste. Lo he escrito yo.
Sorprendida, levanté la vista y lo vi sonriéndome de nuevo.
-         ¿quieres sentarte y tomar algo?
-         Eh… claro.
Pase una tarde entera con él. Resultó ser una persona divertida. Agradable. Le gustaba mucho el aire libre. Pasear.
Me habló mucho de sus viajes. Al igual que yo, odiaba el turismo de playa y amaba pasear por sitios tan impresionaste como Venecia, Roma, Londres, Paris, Atenas, Berlín… Era sorprendente, era apenas cuatro años mayor que yo y ya conocía tantos sitios. Descubrí que era vergonzoso y que antiguamente eso le había pasado factura en cuanto temas importantes. También hablamos de mis estudios y luego de los suyos. Yo era de ciencias, pero me gustaba mucho su carrera. Aquel hombre. Era paciente conmigo. Bondadoso.
Leí su libro. Me hizo viajar junto a sus personajes crear escenarios imaginados en mi cabeza. Me hizo soñar despierta y vivir cosas que él quería que viviera.
Volví a bajar a su casa y a pasar más tardes junto a él. Descubrí más cosas como que era muy sensible, no le importaba llorar si sentía necesidad de ello. No se escondía ni escondía sus problemas, pero tampoco hacía de ellos una carga para la persona que tuviese al lado. Me demostró que adoraba a los niños, por que le hacían disfrutar y valorar la vida como ella nos valora a nosotros. Era una persona muy inteligente que sabía de todo. Pero modesto y humilde. Nunca se creyó en las nubes. Le gustaba la pintura y el buen cine, por no decir que se habría visto todas las grandes obras cinematográficas.
Era celoso. Pero no exceso. Solo lo suficiente para mostrar que le importabas. Su padre le mandaba dinero y con eso nunca le costó comprarme un detalle (siempre algo que tenía que ver con la literatura) Nunca escondió sus sentimientos hacia mí.
Tengo vagos recuerdos de algunos fragmentos de sus cuentos esparcidos por su escritorio o por el mío. Pero aunque era seguro de si mismo, nunca estuvo seguro que haber terminado sus historias. Era tan…perfecto.
 Un día estaba en la piscina con mis amigas y él bajó a nadar. Yo sabía, de su boca que él hacer natación, y de hecho me confesó una vez que había sido campeón escolar en mariposa. Recuerdo como mis amigas babeaban al ver su impresionante cuerpo. Su espalda ancha y pecho fuerte terminado en una uve a la altura de la cintura. Se sacó la camiseta y se tiró a la piscina. Era de esas personas graciosas que sabe que momento es el adecuado para contar un chiste. Y que si tiene que hablar con chiquillas sabe hablar con ellas y no ser un pelmazo. Tampoco había mucha diferencia de edad apenas unos cuatro años.
Le encantaba el teatro. Disfrutaba de todo lo que lo rodeaba y conseguía que los demás también lo hiciésemos.
No creía en dios, pero si que era sumamente respetuoso con todas las religiones y adoraba las culturas a las que acompañaba. Aunque tenía muchos prejuicios contra la islámica por todo ello del machismo.
No estaba nada de acuerdo con la desigualdad con la mujer, él consideraba a las mujeres por igual que a los hombres, pero distintos al mismo tiempo.
-         Esos hombres no saben lo que hacen. Las mujeres no solo sois tan buenas como nosotros sino que además… sois un regalo divino. Tan inteligentes, guapas, responsables… Yo pienso que sois importantísimas en este mundo y que no podríamos vivir sin vosotras.
Arrugaba mucho la frente y luego se relajaba y me dedicaba su mejor sonrisa.
Disfruté cada segundo a su lado porque si mi mente vagara sin rumbo ni control buscando junto con mi corazón una persona perfecta no la encontraría sobre la tierra, porque sería una mezcla de las cosas buenas de todos aquellos a los que quiero. Pero él era lo más parecido a lo perfecto que jamás he conocido.
Cumplí los dieciocho y ello trajo consigo dos cosas. Que pudiésemos estar juntos y que yo empezase a estudiar.
Lo segundo ocultó lo primero por que me tuve que ir a estudiar a Madrid medicina. No supe de él en mucho tiempo. Terminó la carrera y se volvió a Francia con su padre. Yo terminé mis estudios hice el doctorado y empecé a trabajar. Al fin hace dos meses me llegó un libro titulado.
Mi pequeña princesa perfecta De Miguel Dosvidas.
Y volví a recorrer en mi memoria  todas y cada una de las cualidades de mi hombre perfecto.

8 ene. 2011

1º GHB

Soy una de las participantes de la casa bloggera, en este primer concurso bloggero. He de decir que seguramente no me quedará tiempo para escribir mi historia puesto que estas semanas estaré ocupada con el concurso y además ya he empezado las clases y tengo mucho que estudiar. Me gustaría que siguierais el concurso y a ser posible me voteis :) Colgaré cada Lunes el relato que me toqué para el concurso del blog http://ni-unapalabramas.blogspot.com/ Espero que os guste. Un beso! Mariina.

5 ene. 2011

Capitulo 9/1

9
Otra vez esa maldita canción. Empezaba a cansarme tenerla siempre en mi cabeza. No podía controlarla pero…pfff que asco. Maldita canción.
Mi propio enfado me despertó e hizo que el fondo blanco y la voz dulce desaparecieran. Por un lado seguí cabreada por lo de la canción pero por otro había conseguido salir de ella. Estaba aprendiendo a controlar mis poderes. A causa del enfado las manos se me habían iluminado y habían sido rodeadas por una luz plateada. Con fuerza sacudí las manos y la luz plateada desapareció. Aún llevaba la ropa que me había puesto antes de salir con Jaume.  Me levanté de la cama y pegué un brinco fuera de la habitación. Serían las tres de la mañana más o menos. El pasillo estaba desierto y algo frío. Llegué a la puerta de la habitación de Laura y Moisés. No era hora para molestarlos pero necesitaba hablar con Laura. Mientras vacilaba ante la puerta un hombre giró en la esquina y siguió el pasillo hacia donde estaba yo. Con un rápido movimiento me pegué a la pared y me hice invisible. No es que no quisiese que  supiesen que andaba por ahí por la noche, pero no me apetecía dar explicaciones en ese momento. El hombre pasó a mi lado y notó mi presencia pero después de mirar en derredor y no ver nada siguió su camino. Volví a darme consistencia y llamé a la puerta. No obtuve respuesta al principio pero al cabo de unos minutos llamando abrió Moisés. Quedaba claro que lo había sacado de la cama. Tenía todo el pelo revuelto y un pijama negro. No tuve que decir nada simplemente se apartó de la puerta y me dejó pasar. Laura estaba tumbada en la cama. Se cepillaba el pelo e intentaba recogérselo en un moño alto.
-         Sabía que vendrías- la miré sorprendida- yo también soñé con la canción.
-         ¿Tú… también soñaste con la canción de cuna? - ella asintió con la cabeza.- Laura, Lara me dijo que era una canción de cuna sidaz. Pero yo he soñado con ella tan a menudo. ¿Qué significa?
-         Ojala lo supiera Isil. Lo que más me extraña es que yo también lo haya soñado. Es la primera vez. Pero enseguida supe que tú también lo soñabas. Y me juego el cuello a que también Lara y Ester y Ana donde quiera que se encuentren.
-         ¿Quieres decir que lo hemos soñado todas?- ella asintió- Tal vez sea un mensaje del Luipa.
-         Debe serlo. Ahora deberías volver a la cama. Estás sudando ¿has hecho magia?
La pregunta me pilló desprevenida. Quiero decir para los sidazes no es nada del oro mundo hacer magia, pero yo nunca la hacía. Y además no llevaba mi tindri puesto.
-         Si- susurré.
-         Acaso ¿ya la controlas?
-         Bueno pude salir del sueño y además me volví invisible en el pasillo a voluntad.
-         Eso es fantástico- dijo Moisés.- estás aprendiendo a ser tú.
Me toqué la frente y noté que me había subido la temperatura y sudaba bastante.
-         ¿por qué me ha dado fiebre?
-         Porque no llevas el tindri contigo.
-         ¿Y eso que tiene que ver?
-         El tindri canaliza tu poder para que no te sea tan duro. Por eso es admirable que hayas hecho magia sin saber y sin llevar el tindri.
-         Vuelve a la cama Isil. Enseguida bajará la fiebre.- Moisés me aupó en brazos y pronto me di cuenta que estaba apunto de desmayarme.
Se me hizo el viaje a mi cuarto terriblemente largo a pesar de ir en brazos. Moisés me susurraba que me iba a poner bien. Pero apenas podía escucharlo. Mi mente vagaba lejos muy lejos.  A una tarde en un paseo junto al acantilado.

Él estaba sorprendido por mi piercing en el ombligo.
     -         Si bueno, una que hace locuras.
-         ¿Cómo que locuras? ¿Tienes más de esos?
-         No exactamente.-  Me bajé la manga de la camisa. Y él besó mi hombro. Después empezamos a besarnos. Yo me agarré fuerte a Irusail y él me sostuvo por la cintura apenas me apartó un poco para verle el rostro y…no era Irusail. Su primo se hallaba en su lugar.
- Ya eres mía princesita- Una sonrisa torcida apareció en su rostro y me llevó a un sitio oscuro muy oscuro.
                                      
Me desperté chillando como una loca. Moisés estaba a mi lado y ponía su mano en mí
frente de nuevo. No debía haber dormido mucho puesto que él acababa de dejarme en mi
cama cuando desperté. El sudor volvió a inundar mi cara y me costaba mucho respirar.
-         Me ha encontrado.
-         ¿quién?
-         David. ¡Me ha encontrado!- casi chillé.
-         No Isil, No te ha encontrado ha sido una pesadilla. No dejes que te inunden. Eres fuerte vuelve conmigo a la realidad y sácala de tu cabeza. 
Hice lo que el me pidió y saque la pesadilla de mi cabeza.
-         moisés- susurré
-         dime
-         ¿Puedes darme mi tindri? Está en la cómoda.
Me pasó el amuleto y me lo colgué al cuello. Sentí un alivio repentino. Volví a pensar con claridad y a ver perfectamente a Moisés.
-         No le digas nada a Laura. Solo conseguirás ponerla nerviosa.
-         De acuerdo. Duerme tranquila Isil.
No pude volver a dormir y me alegré por ello. Apreté fuerte la estrella de mar contra mi pecho y deseé volver a estar tranquila sin todo esto que me rodeaba.


Sonó el maldito despertador. Quería hacerlo polvo, pero sabía que tenía que moverme y hacer algo. Con mucho cuidado corrí el sillón y salí de detrás de él. Saqué de la mochila el otro paquete de galletas y me las comí. Eso me renovó las energías pero no me dio mucha fuerza. Ni siquiera podía hacer magia. Pese a llevar dos tindris en vez de uno no podía conseguir sanar la herida ni remover el agua salada de mi interior. Solo la simple idea de tener que aplazar mi búsqueda para poder curarme me dolía mucho. Así que decidí que aprovecharía las horas que quedaban antes de que la herida terminase conmigo para seguir. No tenía mucho tiempo unas cuatro o cinco horas más o menos.



No había vuelto a pegar ojo desde que Moisés se había ido. Temía la idea de dormirme y que David regresase a mis sueños. Era pronto pero la luz de la mañana bañaba mi cuarto. Estaba paranoica y tenía el cuerpo entero en alerta. Al más mínimo movimiento saltaba. Ya demás de todo. Estaba mi maravilloso mal humor. Dios enserio que asco. Parecía que las cosas iban a mejor y de pronto esa maldita noche. Tenía que matar a alguien y si ese era David pues mucho mejor. Me vestí de nuevo con el vestido de época, me puse los tacones y trencé mi cabello. De nuevo salí al pasillo y caminé hasta el comedor. Había poca gente pero al igual que yo más sidazes eran madrugadores aquel día. Me senté en una mesa y pedí mi desayuno. Unas buenas tostadas y un vaso de zumo. Lo comí todo con mucha lentitud. Disfrutando como si fuese mi última comida. Que mal me sentía. Ni siquiera podía esforzarme en sonreír a la gente que pasaba a mí alrededor. ¿Podría aguantar mucho tiempo mi estado de ánimo?


Una cabaña. Delante mía. El rastreo me había llevado hasta allí. Incluso el poder de ella se podía sentir. Me acerqué corriendo y me encontré con la puerta rota. De hecho la cabaña entera estaba destrozada. La habían encontrado. Aquella realidad me machacaba la cabeza. Podía sentir e poder de Moisés más allá perdiéndose en la lejanía. Era una locura yo solo no podía ir tras la gente de Javier. ¿Pero que otra cosa podía hacer? Nada absolutamente nada. Así que hice una locura y seguí el rastro.


La mañana pasaba. Y yo paseaba por las instalaciones del refugio. De un lado a otro sin parar. Creo que al menos recorrí el palacete entero tres o cuatro veces. Al final terminé de nuevo en mi cuarto. Sentada sobre la silla y con el papel del día anterior en las manos. Lo leí y releí de nuevo. Aquella estupidez que había escrito el día anterior. Había vuelto a escribir después de mucho y me había sentido bien pero ahora…tiré el trozo de papel lejos y apoyé la cabeza en el pupitre. Me puse a llorar y perdí la noción del tiempo.
Unos ruidos me alertaron. Lara y Laura estaban a mi lado. Las dos iban vestidas como yo y me ayudaban a levantarme. Nos sentamos las tres en el suelo con la pared detrás. Laura puso mi cabeza en su pecho y me acunó como si fuese mi hermana mayor. Las lágrimas se dispersaron y poco a poco me calmé.
-         Me han dicho que has vagabundeado por ahí toda la mañana.
-         Si
-         Tranquila Isil. Tranquila
Sus palabras me calmaron y pronto recuperé el control en mi misma. La energía recorría mis venas. Tanto que tuve que ponerme en pie. El poder volvía a mi cuerpo. Como ya llevaba el tindri no me importó hacer magia. Deseé un objeto que había sobre la mesita de noche y enseguida estuvo en mi mano. Las dos me miraron sorprendidas por que ya controlase tan bien la magia.
-         Reserva tus energías Isil.- dijo Laura.- llega algo nuevo. Reserva tu magia. Lo presiento.
-         Tienes razón. Yo también puedo sentirlo.
-         Y yo- dijo Lara- Ya me ha contado Laura lo del sueño, y si tenía razón yo soñé lo mismo.
Me estrujé la cabeza con los dedos índices. Intenté buscarle sentido a que las tres hubiésemos soñado lo mismo.- No paro de darle vueltas al mensaje que nos envía el Luipa con esto. Hay tantas opciones.
-         ¿cómo que?
-         Que investiguemos esta canción, que nos mantengamos unidas… Pero no consigo encontrarle ninguna que tenga sentido del todo.
-         No lo pienses si el mensaje es del Luipa la respuesta llegara sola.
-         Supongo que tienes razón. Cambiando de tema ¿qué tal si vamos a dar una vuelta?
Las vi vacilar.
-         En realidad hay un pequeño acto público y deberíamos estar presentes. Las tres.
-         O… vale.
A pesar de mi decepción les saqué mi mejor sonrisa aunque no terminaron de creérsela.


Un palacete. El rastro me había llevado hasta un palacete. Estaba sin fuerzas y herido cada vez más gravemente. Había mucha seguridad pero no parecía la clase de sitio que frecuentaba mi abuelo. Me aposté contra una de las paredes y observé el lugar. Estuve al menos dos horas buscando algún punto flojo pero no lo encontré. Finalmente la ayuda acudió a mí y mucha gente empezó a entrar en el palacio. La seguridad disminuyó y pude colarme. La gente iba a una especie de acto público. Nos colocamos en una sala cuyo centro estaba vallado y lleno de guardias. Todo el mundo murmuraba y miraba expectante aquella zona vacía.

Jaume vino por mí en un rato y me condujo a una sala llena de gente. Tanto las chicas como yo nos quedamos en la puerta y salió a presentar el acto.
-         Queridos sidazes…


…ha llegado la hora de levantarse contra el dictador que robó mi reino y el de mis tres parientes. De lograr la libertad de nuestro pueblo- pude deducir que aquel era el rey. Un chico no muy alto de dieciséis años. Con las ideas claras.- y además ahora nos estamos solos. Una ayuda del Luipa ha llegado hasta nosotros. Algunos ya la habéis visto y otros apenas habéis escuchado rumores. Ella está aquí junto a dos de sus damas. Ella la esperanza de nuestro pueblo. Futura gobernadora del Luipa. La princesa Isil está aquí.- Hubo un silencio y una figura oculta tras una capa se dirigió junto al rey. Este le tendió la mano y ella la agarró con firmeza. Tuve claro en aquel instante que ella era Isil. No podía verle el rostro pero estaba seguro. Empecé a hacerme paso entre la gente hasta llegar a la primera fila. Pero ella no podía verme. No aún. Sentí que la herida se abría y que perdía fuerzas. Pero tenía que conseguir que ella me viese. Descubrió su rostro y la vi después de haber soñado con ella. En ese momento empecé a derrumbarme. La gente que había a mi alrededor empezó a chillar y ellos se giraron hacia mí.
- Irusail- la oí gritar cuando me reconoció- ¡Irusail!
Se abrió paso hasta mí. Y me agarró por la espalda.
- Un médico por favor.- La gente se movía a mí alrededor pero yo apenas podía sentirlo. Solo podía verla a ella. Alguien me movió y me puso sobre una camilla- Llevadlo a mi cuarto.- la escuché gritar y entonces perdí la conciencia.


-         Irusail. Irusail quédate conmigo por favor.- mis palabras reflejaban la desesperación que sentía.
Apenas entramos en mi habitación lo depositaron en la cama y el médico le examinó la herida. La gente se agolpaba en el pasillo pero los hombres de Jaume los echaban. Moisés y Juan estaban vigilando la puerta para no dejar a nadie pasar. Marcos sin embargo se encargaba de proteger a Lara y Laura que se encontraban al fondo de la habitación junto al sobrino de Lara. Jaume también estaba en la habitación. Nos observaba desde una de las paredes donde estaba apoyado. Yo me inclinaba sobre la cama agarrando fuerte la mano de Irusail y el médico le curaba.
La herida sangraba como si su cuerpo fuese una fuente. El médico nos dijo que había sido provocada por una bala. Irusail iba y venía entre la consciencia y la inconsciencia. Murmuraba cosas. Decía mi nombre, el de mi hermana, el de Silvia e incluso nombró a su padre un par de veces. Llevábamos mucho tiempo allí y no mejoraba. Nos estábamos poniendo nerviosos. Podía ver como la gente salía de la habitación pero quería quedarme allí. Quería quedarme con él. Lara salió de allí para que su sobrino comiese y jugase un rato y se llevo a Marcos con ella. Después de esto nada era seguro. Como Irusail no había despertado no sabíamos donde lo habían herido y si estábamos en peligro. Así que Lara se fue con Marcos como escolta. Sin apenas cerciorarme de ello. La habitación quedó vacía. Tan solo quedamos Irusail y yo. El médico me dijo que necesitaba descansar y que al día siguiente vendría a cambiarle las vendas. Yo estaba agotada. Me senté en el borde de la cama y le acaricié los cabellos negros.
-         Ya verás como te vas a poner bien.
Me acerqué con cuidado y le besé suavemente en los labios. Sabía que no estaba siendo justa puesto que la noche anterior había estado apunto de besar al rey, pero ahora le tenía allí conmigo. Y todas mis dudas habían desaparecido.

La luz de la mañana me despertó. Estaba sentada en la silla con la cabeza apoyada en la cama. Irusail dormía aún. Podía ver las gotas de sudor que le caían por la frente. La puerta se abrió y la cabeza de Jaume se asomó.
-         Isil ¿puedo hablar contigo? Solo será un segundo.
-         Claro.
Salí al pasillo con él. En la puerta todavía montaba guardia Juan. Le hice un gesto con la cabeza y entró dentro.
-         Bueno dime
-         Isil yo…Verás
-         Al grano
-         O creo que deba quedarse
-         ¿qué?
-         Estamos en peligro. De pronto llega nadie sabe nada de él, está herido ¿y si es una trampa?
-         Yo le conozco y no nos pondría una trampa.
-         Isil es el nieto de Javier quieras que no
-         ¡Cállate! Tú no sabes nada de él ni de su abuelo.
-         La única razón por la que le defiendes es por que te gusta- declaró
-         Venga va, ¿qué es esto? ¿Una escenita de celos?- después de aquel comentario se quedó callado.- con que esas. Irusail va a estar a mi lado tanto si te gusta como si no. Y si hace falta nos iremos de aquí.
-         No, no quería decir eso.
-         Pero lo has dicho.
Entré en la habitación y cerré de un portazo. Lo último que necesitaba en ese momento era un tío celoso enfadado conmigo.
-         dios ¿qué puedo hacer?
-         ¿quieres un consejo Isil?- me había olvidado por completo de que Juan estaba dentro.- No dejes que te superen. Eres fuerte, ya veras como puedes con todo.
-         Bueno empiezo a dudarlo.
-         Podrás ya lo verás.
-         Gracias es agradable ver que hay alguien que te apoya después de todo- le sonreí.
-         Siempre princesa
Y salió por la puerta para cumplir su guardia.
El médico volvió a mediodía.
-         Princesa, quería decirle que está muy, muy mal
-         ¿Cómo de mal?
-         Me temo lo peor para él.
-         ¿Cómo que lo peor? ¿No hay nada que pueda hacer?
-         Verá. El muchacho fue herido hace dos días y el en vez de sacarse la bala y curarse se desinfectó con agua del Luipa para que la herida dejase de sangrar. Supongo que lo haría para ganar tiempo.
-         ¿y cuál es el problema?
-         Pues que no le ha sido extraída la bala y ahora está muy profunda. Intentaré hacerlo con magia pero no prometo nada.
-         ¿Con magia?
-         Si
-         Déjeme intentarlo.
-         Claro.
Trabajé mucho con el doctor y al caer la noche le habíamos extraído la bala.
Fue como si le hubiésemos devuelto la vida. Volvió en sí y abrió los ojos.
Al principio se quedó en blanco, parado contempló la habitación donde se encontraba. Me contempló a mí. Una chispa de reconocimiento le cruzó el semblante al cabo de unos segundos contemplándome.
-         Isil…-aún sonaba muy débil
-         Si soy yo- le susurré- descansa
-         No. Isil tengo que decirte algo.
-         Más tarde ahora...
-         Isil tu hermana está bien- me interrumpió- vi a tus padres y se encontraba con ellos.
-         ¿Dónde están?
-         Están en…-su voz se fue apagando conforme se le acababan las energías- en…
-         ¿Dónde están?
-         Tu tindri te llevará hasta…- se atragantaba- hasta tu abuela.