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6 sept. 2010

introducción


Silvia le dio otro sorbo a su granizado de limón. Hacía muchísimo ruido para beber. Esa era una de las cosas que más me gustaban de ella. Cuando se terminó su vaso empezó con el mío. Tanto su novio como yo estábamos acostumbrados a eso. Su pelo rubio se agitaba junto a su cara divertido y rebelde cada vez que esta hacia un movimiento. Sus ojos color chocolate mostraban el evidente enfado que sentía por tener que estar allí. Llevaba unos pantalones cortos y una camisa verde a juego con unas sandalias.

Hacía demasiado calor para estar en la calle. Habíamos entrado al Vips a tomar algo fresco mientras esperábamos a Mario y a Marco. Ella había querido esperar en  la calle, pero yo no podía soportar el calor. A regañadientes me acompañó a la cafetería donde esperábamos.

-         Silvia- dije suavemente.- voy al baño un segundo, luego podemos esperarles fuera.- sonrió cuando dije esto último. No sabía hasta que punto ir al baño era peligroso.

El baño de señoras estaba vacío cuando entré. Me acerqué al lavabo y me asome al espejo. Tenía el cabello ligeramente encrespado del calor. Con las manos peine un poco los negros mechones que se me salían de la coleta. Luego abrí el grifo y me lave las manos. El pelo negro resaltaba mis grandes ojos verdes. Oí un ruido proveniente del techo. Cuando levante la vista dislumbré a un hombre con la cara tapada agarrado a las tuberías. Dos ojos verdes brillaban a trabes de dos ranuras en su mascara. Iba vestido totalmente de negro. Ninguna parte de su cuerpo estaba al descubierto. No pude gritar, no tuve tiempo. El hombre salto sobre mí y me golpeo la cabeza contra el suelo. No pude moverme ni gritar. La habitación comenzó a dar vueltas a mí alrededor. Sentí sangre en la boca y mareo. Ni siquiera fui consciente del momento en el que perdí el conocimiento.


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