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Facebook: Marina García Gómez
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30 dic. 2010

Capitulo 8


-         ¿Y si sale mal?- repitió Laura por quinta vez.
-         Laura ya te lo he dicho. Tengo un presentimiento. Te he hecho caso en todo hasta ahora. He dejado que cuidases de mí. Pero ahora tienes que confiar en lo que te digo.
La parte trasera de la furgoneta traqueteaba haciendo rebotar nuestras faldas. Laura estaba muy nerviosa, no se fiaba de los hombres que nos habían atacado en casa de Don Luis. Lara sin embargo era la imagen de la tranquilidad, con su sobrino sentado sobre sus rodillas cantándole una canción al oído. Moisés y Marco se peleaban mientras que Juan los ignoraba.
-         Supongo que tienes razón. Dijeron que venían en nombre del rey Jaume sin saber quienes éramos.
-         Me alegra oír eso.
Viajamos en aquella furgoneta al menos tres o cuatro horas.
La furgoneta pegó un frenazo y todos nos sacudimos en la parte trasera. Los tres hombres bajaron de la furgoneta y unas voces sonaron.
-         No, no lo entiendes. Debe salir el rey en persona.- Se oyó a otro hombre replicar- La princesa del Mar está ahí dentro. ¡Llama al rey ya!
La puerta de la parte trasera se abrió y pudimos ver la tez de uno de los hombres que nos había atacado. Era el más alto y  musculoso de ellos.
-         Ir saliendo poco a poco. Princesa.- agachó la vista al dirigirse a mí- Usted debería salir acompañada y con el rostro cubierto.
-         Claro- le susurré- no me llames de usted. Soy bastante más joven que tú.
El agachó la cabeza y desapareció por la puerta. A mis espaldas se colocaron Marcos y Juan para cubrirme.
-         No. Marcos tu cubrirás a las chicas. Moisés, aquí a mí lado.
Marcos puso cara de pocos amigos pero se limitó a cumplir mis órdenes.  Tanto mis damas como yo nos cubrimos el rostro con las capuchas de las capas. Primero salió Marcos seguido de Laura, Lara llevaba en brazos a su sobrino y luego salí yo. A cada uno de mis lados estaban apostados Juan y Moisés. Preparados con sus armas por si alguno osaba acercarse más de lo debido a mi persona.
Ayudada por la mano de Juan baje del furgón. Además de los tres hombres allí vi a más personas. Todos miraban nuestras figuras oscuras ocultas tras la capas mientras cruzábamos el jardín. Apenas pude ver el edifico, pero pude distinguir que se trataba de un pequeño palacete a las alturas de una montaña. Entramos por una puerta de madera donde nos esperaba un grupo de gente.
En el centro de la multitud había un muchacho de nuestra edad. No era muy alto, metro setenta y cinco más o menos. Con el cabello negro y unos tremendos ojos verdes. Estaba tan acostumbrada a ver ojos verdes que sentí que en el momento que viese unos tranquilos ojos color miel o color chocolate me enamoraría de aquel que los tuviese. El muchacho miraba más allá de mis acompañantes buscando mi rostro a través de la marea de gente.
-         Bienvenidos a mi humilde palacio. Es una suerte haberos encontrado antes que Javier. Me hace pensar que hay esperanzas.
-         Gracias por recibirnos- Laura se había descubierto el rostro y había hecho que Lara también se descubriera.- No sabe lo bien que nos viene esto.- hizo una pequeña reverencia.
-         No te arrodilles, pequeña sidaz. Eres casi tan poderosa como yo por no decir que tienes exactamente la misma edad. No te arrodilles ante mí.- Hizo que se incorporará y la miró a los ojos.- Además yo soy el que debe arrodillarse ante tu señora. Avanzó hasta mí y se arrodilló. Todas las personas de su corte lo imitaron, y solo quedamos en pie nosotros siete.
-         Alzaos- la gente se sorprendió al oír mi voz. Ellos solo podían ver una figura cubierta por una capa enorme, de la que salía una voz de cría.- No soy vuestra princesa. Al menos no todavía solo soy una simple adolescente de sangre real que acaba de descubrir que tiene un reino que gobernar.- Me sentí mucho mejor al decir aquello.
Primero se alzó el rey, con ojos incrédulos intentando descifrar lo que había más allá de la capa. Poco a poco sus súbditos se levantaron  y me miraron.
-         Oh dulce Isil ¿por qué no nos muestras tu rostro?
Como si mi cara fuese mi mayor tesoro, fui retirando la capucha con delicadeza hasta que mis facciones quedaron al descubierto. Todo el mundo presenció como daba a conocer mi identidad delante del rey.
-         Dulce Isil- dijo sonriente- No me equivocaba. Tienes una carita muy dulce.
-         Bueno como bien he dicho apenas soy una adolescente.- era imposible no sonreírle a ese muchacho.
-         Una adolescente terriblemente poderosa, por no decir hermosa.- tendió su mano hacia mí y yo la acepté.
Me condujo por un pasillo, seguidos por su corte y mi sequito. Ya cuando llegamos a un enorme comedor tomo asiento e indicó que me sentase a su lado. Mis amigas y los chicos se sentaron alrededor y pronto nos quedamos solos.
-         Enserio Isil, no sabes lo que me tranquiliza tenerte aquí.- sus ojos eran verde pero con un toque dorado.
-         Tranquilo. Estaba perdida y ahora ya tengo la certeza de que saldrá bien.
-         Por supuesto que saldrá bien. Echaremos a Javier y podremos volver a vivir nuestras vidas.
-         En realidad – dije melancólica- yo no tengo una vida a la que volver.
-         ¿qué quieres decir?
-         Mi vida era una mentira. Una mentira para protegerme. Pero una mentira al fin y al cabo, que se ha roto. Y ahora…
-         Te sientes perdida.
-         Exacto.
-         Isil- dijo mi nombre como si fuese poesía.
-         ¿Si?
-         Te comprendo. Más de lo que crees. No somos normales, ni siquiera entre los sidazes. Pero hemos nacido así y debemos vivir con ello.
-         Si tienes razón- al levantar la vista me encontré con sus ojos. Que me dieron confianza en mi misma. E hizo que me olvidase de lo que me daba vueltas en la cabeza desde hacía tiempo. Irusail.


-         Silvia no puedo ahora- sus gritos me llegaban a través del teléfono móvil- ya me lo has dicho. Pienso seguir. No puedo esperar a que lleguéis Herat y tú.
-         Irusail, por favor. Hay indicios de que la gente de Javier sigue el mismo rastro que tú.- suspiró- estas en peligro y vas solo. Espéranos.
Cerré el móvil sin esperar escuchar más y proseguí mi camino. Mi aspecto para el ojo humano, sería el de un chico todo sudado y agotado. Sin embargo mi verdadero aspecto era verdoso, porque lo único que había consumido era agua del Luipa y destartalado.
Entré en una gasolinera y compre dos paquetes de galletas. Devoré uno en menos de dos minutos y seguí mi camino.


Me encontraba mirando como una tonta mi habitación. Aquí ya estaba sola. Una enorme cama de matrimonio con columnas de maderas que casi llegaban hasta el techo y formaban un toldo de cortinas de seda. Al menos la mitad de la cama estaba llena de cojines y almohadas de aspecto acogedor. Las sabanas para mi sorpresa eran blancas con flores amarillas y rosas rojas. No tenía nada que ver con mi cuarto en el palacete de mis abuelos. El resto de la habitación era muy básico. Una cómoda de madera de roble, un escritorio y una silla de madera. Todos muebles conservados de épocas anteriores.
Me senté en la silla, delante del escritorio. Abrí uno de los cajones y encontré…
Un ordenador, Sí. Un ordenador. No podía creerlo, lo saqué del cajón como si fuese lo más precioso que había visto en años. Lo encendí y tuve suerte. Había Internet. Siendo la persona más feliz del mundo me conecté al tuenti. Dios lo tenía lleno de comentarios, mensajes privados… Después abrí el correo y dios aquello era aún peor. La bandeja de entrada era un hervidero de mensajes sin responder. Conforme el chat del tuenti se activó empezaron a lloverme mensajes tipo:
-Tía ¿Dónde estas? Hace mucho que no sabemos de ti. ¿Te has ido de vacaciones?
- Amore, ¿xq no se nada de ti? Dios muchacha quiero verteeeeeeeeeeee!
Y muchos más como esos. Tuve que desconectar el chat, por mi bien. Ansiaba hablar con aquella gente, pero no podía decirles nada sobre donde estaba ni nada por el estilo. Me limité a contestar a los comentarios y a los mensajes privados diciendo que estaba de vacaciones  y que iba a estar allí todo el verano.
Pronto para mi desesperación me llovieron las respuestas preguntando si el sitio era bonito, si era en el extranjero… Decidí decirles que estaba en Escocia porque mi abuela me había dicho que antes o después tendría que ir allí. Después de aquello cerré el portátil y me quedé allí quieta mirando el ordenador. No había vuelto a escribir desde el secuestro. Pero ¿me sentía con fuerzas para ello? Saqué del cajón una hoja y un rotulador. Las primeras palabras que escribí fueron:
<< No se si es verdad o es mentira. Solo sé que él me despertó de aquel sueño y yo… Yo le estaré eternamente agradecida por se quién es. Hoy es un día nublado, raro aquí en la costa mediterránea. Puedo mirar por la ventana y ver a mis niños corretear por el jardín mientras su padre hace el tonto con el perro. Él no quería que lo escribiese. Él dijo que era mejor que lo olvidásemos, pero yo…>>

Unos golpes en la puerta interrumpieron mi relato. Doblé el papel por la mitad y lo enterré en mi falda.
En la puerta no se encontraba otro que el rey.
-         Espero no molestarte.
-         No al contrario, me encontraba muy sola en este momento.
-         Entonces te haré compañía un rato.-Se sentó en la silla donde estaba yo un minuto antes.- ¿Has dormido bien?- preguntó mirando la cama.
-         Si. Ha sido muy amable por tu parte dejar que nos quedásemos aquí.
-         No. Eres Isil debía hacerlo.- me miró como si nunca antes me hubiese visto. Como si descubriese que a su lado estaba Isil- Aunque no fueses la princesa creo que lo habría hecho.
-         ¿Y eso?
-         Tengo debilidad por las chicas guapas

Mi carcajada le desconcertó.- Bueno entonces entiendo que me has acogido por mis damas.
-         bueno podría decirse- se unió a mis risas- pero tú también eres muy hermosa.
-         Vaya, ¿has venido a halagarme?
-         No. En realidad venía a invitarte a dar un paseo.
-         ¿Es seguro?- no estaba muy convencida de ello.
-         Tranquila. No saldremos del jardín.

No era un jardín realmente. Era más bien un invernadero con grandes árboles y flores de distintos olores. El rey me llevaba de la mano por una caminito de tierra. Se frenó en seco justo cuando llegamos frente a un árbol muy grande cuyas raíces eran casi tan grandes como nosotros.
-         Jaume ¿te ocurre algo?
-         No solo quería mostrarte esto.
-         ¿De que se trata?
-         Aquí es donde yace mi padre.
-         Oh- le apreté fuerte la mano.- Yo se donde yace tu madre. Lo he visto.
-         En casa de Raúl. Si. Lo se- parecía melancólico- pero nunca pude ir a verla.


Dos hombres, uno a mi derecha y el otro sobre la camioneta. Aún no me habían visto. Desde mi posición podía terminar con los dos, pero lo que yo quería era pasar sin que me viesen. Estaba demasiado débil como para hacerme invisible. Si pasaba tras la furgoneta tenía más posibilidades de no ser visto, pero en caso de serlo menos de salir vivo. Tal vez si lanzaba una de mis dagas al hombre sobre la furgoneta, los pillaría desprevenidos y podría terminar con ellos. Pero corría un riesgo. Mientras me encargaba del de la furgoneta era posible que el otro volviese por mí.


En el salón había mucha gente. Mujeres que vestían con vestidos como los míos o simplemente iban vestidas normal. Otras llevaban Clisses negros ajustados a todo su cuerpo con sus tindris relucientes colgando del cuello, de un pendiente del cinturón… Lara jugaba tirada en el suelo con su sobrino. Cuando entramos en la habitación Levantó la vista hacia nosotros y sonrió. Volvía a ver felicidad en los rostros de todo el mundo después de mucho tiempo. Laura paseaba de la mano de Moisés y charlaba alegremente con su hermano. Se había cambiado. Llevaba un Clisses negro con flores rosas y en vez de mallas unas medias negras casi transparentes y unas sandalias negras. Juan no se encontraba allí. Estaría en algún otro lugar disfrutando del momento de paz que teníamos. Solté la mano de Jaume y me acerqué a Lara. Me senté a su lado y me uní a su juego. Todo el mundo que pasaba junto a nosotras nos sonreía y yo devolvía la sonrisa encantada.


No tenía más tiempo para pensar. Cargué la pistola. No tenía intención de usarla puesto que haría muchísimo ruido y si había más por la zona me descubrirían. Lancé la primera daga. Impactó de pleno en el pecho del sidaz de la furgoneta. No emitió ningún sonido. Simplemente se desplomó. Me preparé para lanzar y el segundo se volvió. Me oculté tras un murete y lancé la daga. Le rozó el hombro de la camisa rajando un poco la tela pero no le hirió. Saqué el tindri de mi padre y lo anudé en el cinturón junto al mío. Después salí de mi escondite y evitando otra daga me metí detrás de la furgoneta. No tenía mucho tiempo así que saqué la pistola y empecé a disparar a ciegas.


Marcos vino a sentarse junto a nosotras y con él, Laura y Moisés. Formamos un círculo al que poco a poco se fue uniendo gente. Pronto toda la sala estaba repleta de gente sentada en el suelo formando un corro. Me recordaba mucho a la escuela de infantil que nos poníamos así para jugar. Todos nos mirábamos las caras divertidos hasta que Juan apareció con el rostro pálido.
-         Nos han…- titubeó- …nos han encontrado.
-         ¿qué quieres decir?
-         He ido a casa de Don Luis ha explicarle que estábamos bien y que nos hallábamos aquí, pero no estaba los hombres de Javier se lo han llevado, junto con nuestro coche y han dejado esto.
-         Dame- Juan tendió una nota hacia mí. Apenas era un trozo de papel muy arrugado.

Mi querida princesita hemos encontrado uno de tus escondites. Al parecer huiste de aquí a tiempo, pero no el viejecito de la casa. Uno de mis hombres lo mató, ¿No le tendrías mucho cariño no? Ya poco importa eso. Quiero que sepas que tú y mi primo sois mis prioridades. No estais a salvo. Pronto sereis mios. Un cordial saludo.
David.

La nota se me cayó de las manos. La mano de Lara se posó en mi hombro para reconfortarme. Le pasé la nota para que la leyera. Me levanté de un salto y corrí hasta llegar a mi cuarto. Cerré de un portazo y puse el pestillo. Me tiré sobre la cama. Mirando boca arriba las sabanas que formaban el toldo de la cama. Las lágrimas no acudieron esta vez. Sólo pude suspirar y decirme que todo iba a estar bien. Que saldríamos de esta.


Él para mi sorpresa también contaba contaba con una pistola. Disparó y me hirió el abdomen. No fue muy profunda la herida, pero me derribó y perdí el equilibrio. Lo aprovechó para acercarse a mí. Le asesté una patada y cayó de rodillas junto a mí. Me agarró del cuello de la camisa y se quedó boquiabierto.
-         tú… eres Irusail.
-         Bien me has reconocido.
-         Tengo instrucciones de llevarte vivo.
-         Pues no tendrás ese placer.
Un puñetazo directo a su mandíbula. Se quedó inconsciente enseguida. Lo arrastré y lo escondí. Apenas tenía unos minutos hasta que despertase. Saqué la botella de agua del Luipa y vacié la botella sobre la herida del abdomen. La herida dejo de sangrar. Tenía que encontrar ayuda pronto pues eso solo duraría unas horas.


Y como siempre llamaron a mi puerta. Lo ignoré. Siguieron llamando al menos dos minutos más y luego se fueron. Me levanté de la cama y fui hasta la cómoda. Sobre ella colgaba un espejo enorme enmarcado en un marco de plata.
Miré mi reflejo. Llevaba el pelo recogido en lo alto como me lo había recogido el día anterior Lara. No me había maquillado. Hacia tiempo que no lo hacía. Unas ojeras verdes enormes ocupaban casi toda mi cara. Las mejillas estaban encendidas, como si hubiese estado llorando y llenando de luminosidad todas mis pecas. Tenía los labios cortados, agrietados y más sonrosados de lo normal. El hoyito de la barbilla se me marcaba más en el hueso. Sin duda alguna había adelgazado mucho en estas últimas semanas. Mis ojos verdes no brillaban sino que parecían trigo verde apunto de marchitarse. Me sentía tan distinta. Pero podía reconocer mi reflejo ante el espejo, volvía a ver la nariz pequeña pero rechoncha, cubierta de pecas. Las cejas negras completamente a diferencia de mi cabello. Las pestañazas largas de aspecto postizo que protegían mis ojos. Incluso la pequeña manchita en la mejilla derecha seguía allí. Volví a sentarme sobre la cama. Con mucha delicadeza solté el corsé, y luego la falda. Poco a poco hasta que no llevaba más que unas enaguas. Me saqué los zapatos de tacón y masajeé mis pies doloridos. Investigué por toda la habitación en busca de ropa normal y cómoda que ponerme.
Con un golpe de suerte justo en la cómoda, encontré unas mallas negras de mi talla y una camiseta también negra básica. Como si mi vida dependiese de ello me cambié y me puse la ropa que había encontrado. Volvía a ser una persona normal. Deshice el peinado, solté las trenzas y dejé mi pelo suelto.


Ya sentía el rastro cerca. Unas horas más. Unas horas más y llegaría.


Volvieron a llamar a la puerta.
-         Isil. Abre por favor.
Era la voz de Jaume pero no pensaba abrirle.
-         abre o tendré que usar la magia.
-         No te molestes. No tengo nada que decirte ni escuchar nada que tú puedas decirme.
-         Isil no te lo digo más- esa vez sonó cabreado.
Se oyó un ruido como de campanitas y por debajo de la puerta pude ver un destello plateado. La puerta se abrió y Jaume entró con las manos plateadas. Las sacudió y cualquier rastro de magia desapareció. Se había cambiado, llevaba un chándal gris con líneas rojas y azules y el escudo del BARÇA en medio.
-         oh oh oh- dije con un deje de diversión- a mí no te me acerques. Yo siempre he tenido debilidad por el MADRID.
-         Ya bueno. Ahora eso poco importa. ¿Puedo?- señaló la cama.
-         Claro- le hice un hueco y se sentó a mi lado.
-         Isil. Se que estas asustada. Pero aquí no corres peligro.
-         No. No es eso.- suspiré- es solo que esta situación me supera.- alcé la mirada y me perdí en mis recuerdos.- Yo tenía una vida perfecta. Perfecta. Y de pronto todo se torció. Se volvió negro. Mi mundo desapareció. Y ahora ¿qué me queda? Oscuridad. Una vida entera huyendo. Un trono que no quiero. Y un dictador que quiere mi cabeza. Vamos. Planazo…
-         JAJAJAJJA. Hombre visto así suena muy dramático.
-         Claro tú ríete.
-         Isil no es para tanto. Nos estamos uniendo. Pronto seremos fuertes y terminaremos con Javier. Podremos volver a reinar y ser felices y sobretodo. No tendremos que escondernos.- entrelazó sus dedos con los míos. Lo sentí tan cerca. Su mirada era firme, segura. Inspiraba confianza. Y yo estaba tan… sola.
-         Bueno. Eso me deja más tranquila- imité su tono calmado de voz.
-         Te invito a cenar.
-         ¿qué?- pregunté atónita.
-         Pues eso que te invito a cenar. Te llevaré a mi restaurante favorito.
-         Claro- vacilé- ¿y me dirás como vamos a salir de aquí?
-         Eso es lo mejor de todos que no vamos a salir de aquí.- volvió a agarrarme la mano- ¿me acompañarás?
-         De acuerdo- dije riéndome. Y salimos de mi cuarto.


Encontré una casucha abandonada, con las ventanas destartaladas en un pueblecito de montaña.
Me arrastré hasta el interior. Era una casa pequeña, con muebles de madrea rotos por todas partes y más polvo que en cualquier otro sitio. Con mucho cuidado de no abrir la herida me acurruqué en una esquina, tras los restos de un enorme sillón que me ocultaba de cualquiera que mirase desde la puerta. La herida no sangraba todavía. Aún así rompí una cortina que vi y la enrollé muy fuerte alrededor de mi abdomen. Disponía de al menos diez horas más antes de que fuese a peor.
La pierna vibró y me di cuenta que me llamaban al móvil. Lo saqué con la vaga esperanza de que fuese…Mierda Silvia otra vez. No quería hablar con ella, se preocuparía bla, bla, bla… Le colgué y actualicé la alarma para cinco horas más tarde. Necesitaba dormir pero tampoco podía pasarme. Apoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos fundiéndome con la negrura y el dolor.


-         Oh venga va- dije divertida- ¿no me digas que este es tu restaurante favorito?
Era una simple habitación con una mesa en medio decorada por un mantel a cuadros rojos y blancos. Una vela en medio y cubierto para dos. Al fondo una tela que colgaba a modo de telón de teatro y un piano y un violín. Vamos que parecía que era la misma habitación de ‘’Tú a Boston y yo a California’’. Al fondo un hombre bien vestido, con una camisa blanca y un delantal llevaba una bandeja de plata con dos platos tapados por campanas de plata.
-         Tú ríete, pero veras como no has comido en ningún sitio mejor que este.
Nos sentamos uno enfrente del otro y el hombre nos sirvió dos paltos de pasta. Aguanté la risa hasta que el hombre hubo salido de la habitación.
-         ¿El mejor restaurante y nos sirven pasta?
-         Isil, dios disfruta. No le busques quejas a todo.
Lo dijo con tanta dulzura que casi me derrito. Paré de quejarme para mirarlo. Piel blanca como la leche, profundas arrugas provocadas por la risa sobre la frente y el pelo negro como el carbón con pequeñas motas plateadas adornaban su aspecto. Por no hablar de sus ojos. Ya no era muy sorprendente para mí, que fuesen verdes con rastros pardos. Pero eran dulces y a la vez felinos. Mostrando su poder como rey de los sidazes. Su boca no era perfecta. Siempre había sentido repulsión por los dientes montados e imperfectos. Sin embargo no era imperfecta era atractiva. Los colmillos estaban más doblados de lo normal y demasiado pegados a las muelas y aún así era… hermoso.

El también me observaba, tan descaradamente que me sonrojé. Normalmente esto no me sucedía, Sabía manejar a los hombres. Pero Jaume me había pillado en un momento de mi vida que ya no era la Isil de siempre.
No me daba cuenta de que nos inclinábamos el uno hacia el otro hasta que el dijo:
-         ¿Te importaría si te besase?
-         ¿Quieres hacerlo?-pregunté descontrolada.
Cada vez estábamos más cerca. Mi tindri que colgaba del cuello ya casi rozaba sus manos. Sus labios carnosos tan próximos a los míos. Pero en ese momento entró el camarero y los dos volvimos a nuestro sitio. Quedaba cena por delante pero yo sabía que ya se había terminado ‘nuestra cena’. La velada se me hizo larga, larga. Hablamos de muchas cosas. De que haríamos cuando al fin fuésemos libres. Cuando terminamos de cenar me acompañó a la puerta de mi cuarto, me besó la mano y se despidió.
Como si fuese un peso pesado entre en mi cuarto y me desplomé sobre la cama. Como de costumbre no me desvestí y deje que mi mente vagará así.
Y como no, volvió a mi aquella canción.
“La luna te tiene presa.
Mi bebé duérmete ya
Y tendrás algo que ella querrá.
La luna me sube al cielo con ella,
Allí me encontrarás.
Mi bebé duérmete ya y a los
Pájaros escucharás.
El mar de fondo y te quiere,
Algún día lo tendrás.
Cuando llegue tu voz
Me llevara.
Mi bebé duérmete ya
Y las nubes surcaras.
Mi pobre ángel, mi princesita
Duérmete, duérmete ya.”





3 comentarios:

  1. uoh!!!!!! ¿y el beso que??????????? no puede ser!! maldito camarero!!! grrr
    genial el capítulo!! me encantó, en cuanto publiques avisame y yo te aviso a ti!! gracias!!!

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  2. Muchas felicidades para este año, dale vida a tus sueños y que la crisis económica pase de largo.

    ¡¡Feliz año 2011!!

    Un abrazo.

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  3. hola paso para saludar y avisarte que ya publieque la primera parte del 5º cap, mañana publico la segunda parte. espero verte!!

    ya aviso de k mañana publico xk asi no me hago pesada avisando dos dias!!
    saludos

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